Cuando marchar ya no basta
Por
Ing. Juvenal Brenes
Agosto 30, 2026
Santo Domingo, Distrito Nacional
Por
Ing. Juvenal Brenes
Agosto 30, 2026
Santo Domingo, Distrito Nacional
Antigua Orden Dominicana anuncia su intención de convertirse en partido político. Después de cuatro años en las calles acompañandoles, quizás mi pregunta ya no sea por qué hacerlo, sino por qué no.
Confieso que recibí con sentimientos encontrados el anuncio de que Antigua Orden Dominicana inicia el camino para constituirse formalmente en partido político. No porque me sorprenda, sino porque durante mucho tiempo pensé exactamente lo contrario.
Siempre entendí a Antigua Orden Dominicana como una fuerza ciudadana que debía permanecer fuera de los partidos, precisamente para poder reclamarles a todos. Una organización cuya legitimidad no proviniera de una posición electoral, de una nómina pública o de una candidatura, sino de estar presente donde otros no estaban y poner sobre la mesa temas que demasiadas veces la política dominicana prefería evitar.
Por eso recibí con sentimientos encontrados el anuncio de que Antigua Orden Dominicana inicia el camino para constituirse formalmente en partido político. Y el anuncio llega, además, en un momento particularmente curioso. Una parte de la sociedad cuestiona la cantidad de partidos minoritarios existentes, se discute el financiamiento público que reciben organizaciones con escaso respaldo electoral y, al mismo tiempo, aparecen nuevos proyectos políticos, algunos construidos alrededor de figuras conocidas y con la mirada puesta en 2028.
La primera reacción parece inevitable: ¿otro partido más?
Yo mismo me hice esa pregunta. Pero antes de responderla decidí mirar hacia atrás.
Desde 2022 me ha tocado caminar junto a Antigua Orden Dominicana. Cuando uno repasa estos años encuentra algo que, independientemente de estar de acuerdo o no con cada una de sus posiciones, resulta difícil ignorar: persistencia. Antes de pedir votos estuvieron en las calles. Antes de hablar de candidaturas estuvieron reclamando. Antes de plantearse convertirse en partido estuvieron haciendo aquello que muchas organizaciones políticas parecen haber olvidado: organizar ciudadanos alrededor de causas.
Hemos caminado frente al Congreso Nacional, en la Plaza de la Bandera y hacia el Palacio Nacional. Durante años Antigua Orden ha insistido en colocar dentro de la discusión pública temas relacionados con soberanía, inmigración irregular, cumplimiento de la ley y responsabilidad del Estado.
Luego vino Friusa.
Durante mucho tiempo Friusa pareció convertirse, al menos dentro del imaginario nacional, en una especie de territorio donde el dominicano ya no podía reclamar tranquilamente el cumplimiento de sus propias leyes. Se dijo que no se podía marchar allí. Se marchó. Se dijo que era demasiado peligroso. Se fue. Hubo tensiones y acontecimientos que necesariamente deben ser analizados con responsabilidad, pero también quedó planteado un principio que para mí no admite negociación: ninguna parte del territorio dominicano puede convertirse en un espacio donde el Estado renuncie a ejercer plenamente su autoridad.
Después vino Los Mina, y Los Mina tuvo una dimensión distinta.
Allí el reclamo surgió después del brutal asesinato del adolescente dominicano Nauriel Misael Medina, de apenas 14 años. La extrema violencia de aquel crimen conmocionó a toda una comunidad. Antigua Orden volvió a las calles reclamando justicia y exigiendo respuestas del Estado frente a una realidad migratoria que lleva años provocando preocupación en amplios sectores de la población.
Pero aquí existe una distinción que considero central para cualquier discusión seria sobre este tema. Defender nuestras fronteras y exigir el cumplimiento de la ley nunca puede significar sustituir al Estado ni atribuir responsabilidad colectiva a una nacionalidad. Precisamente lo contrario. Si existe una razón para construir instituciones fuertes es para que sea el Estado dominicano quien haga cumplir las leyes dominicanas, con autoridad, firmeza y dentro del orden institucional.
Y no todo este recorrido ha girado alrededor de Haití o de la inmigración.
Cuando ciudadanos de San Juan se movilizaron en defensa del agua, de la agricultura y de sus recursos naturales frente al proyecto minero, Antigua Orden estuvo allí. Cuando surgieron preocupaciones alrededor del nuevo Código Penal y sus posibles implicaciones para determinadas libertades, volvió a movilizarse. Eso también forma parte de estos años y es importante recordarlo, porque una organización que aspire a convertirse en partido político tendrá necesariamente que trascender una sola causa.
Un partido deberá hablar de inmigración, sí, pero también de educación, seguridad, economía, justicia, salud, infraestructura, medioambiente, energía, empleo, institucionalidad y desarrollo. Convertirse en partido significa abandonar la comodidad relativa de señalar únicamente lo que está mal y aceptar la obligación mucho más difícil de explicar cómo se pretende corregirlo.
Y entonces llegamos a Moca.
Hoy 30 de agosto Antigua Orden volvió a las calles después del asesinato del agricultor José Castillo Bello. Nuevamente apareció el reclamo de justicia, nuevamente aparecieron las preocupaciones alrededor de la inmigración irregular y nuevamente miles de conversaciones terminaron girando alrededor de una pregunta que el país todavía no ha logrado resolver satisfactoriamente: ¿hasta dónde puede sostenerse una política migratoria que durante años ha permitido que situaciones evidentemente irregulares se conviertan en parte de la normalidad?
Fue precisamente allí donde llegó el anuncio: Antigua Orden Dominicana comenzará el proceso para constituirse en partido político.
Y en ese momento mi pregunta cambió.
Ya no fue simplemente: ¿para qué necesitamos otro partido político?
Comencé a preguntarme algo distinto: ¿qué organización tendría un reclamo más legítimo para intentarlo que una que lleva años haciendo política ciudadana sin ser partido?
Porque quizás ahí se encuentra parte de la contradicción. Durante demasiado tiempo hemos reducido la política a elecciones, candidatos, cargos, campañas y nóminas. Pero política también es organizar ciudadanos. Política es movilizarlos. Política es formular reclamos al Estado. Política es defender territorio, recursos naturales, seguridad, libertad y soberanía. Y Antigua Orden lleva años haciendo exactamente eso, hasta ahora desde afuera de la estructura partidaria.
Quizás llega un momento en la vida de cualquier movimiento ciudadano en que debe tomar una decisión. Puede continuar reclamándole indefinidamente al poder o puede intentar democráticamente alcanzarlo para ejecutar aquello que durante años ha exigido.
Eso no significa que convertirse en partido sea automáticamente correcto. Al contrario. Significa que a partir de ahora comienza una responsabilidad muchísimo mayor.
Una marcha puede sostenerse sobre una consigna. Un partido necesita un proyecto de país. Una organización ciudadana puede denunciar problemas. Un partido está obligado a presentar soluciones. Si Antigua Orden solicita algún día el voto de los dominicanos, tendrá que demostrar que puede transformar patriotismo en políticas públicas, preocupación en propuestas e indignación en instituciones.
Y quizás también debamos detenernos a recordar cuál debería ser realmente la misión de un partido político.
Llegar al poder no puede ser la misión. El poder es solamente una herramienta.
La misión debe estar por encima de quienes temporalmente ocupen posiciones. Debe ser garantizar que la República Dominicana continúe siendo una nación segura, soberana, libre, próspera y capaz de ofrecer oportunidades a las generaciones que vienen detrás de nosotros.
Gobernar no puede limitarse a administrar cuatro años. Hay que preguntarse qué país encontrarán nuestros hijos y nuestros nietos dentro de cincuenta. Hay que pensar en la continuidad de la nación, en sus instituciones, en su territorio, en su cultura política, en su capacidad productiva y en el derecho de los dominicanos a determinar democráticamente el futuro de su propio país.
Por eso la discusión sobre inmigración ilegal tampoco puede reducirse al odio, a una nacionalidad o a determinados episodios individuales, por dolorosos que sean. La cuestión fundamental es mucho más sencilla y, a la vez, mucho más profunda: ¿tiene República Dominicana derecho a decidir quién entra en su territorio, quién permanece en él y bajo qué condiciones?
Naturalmente que sí.
Y ejercer ese derecho mediante la ley, las instituciones y el debido proceso no constituye una extravagancia ideológica. Es una de las responsabilidades fundamentales de cualquier Estado soberano.
Entonces vuelvo al principio: ¿necesita República Dominicana otro partido político?
Si hablamos de otro partido construido alrededor de una personalidad, de una candidatura, de una coyuntura electoral o de la repartición de posiciones, probablemente no. Ya tenemos suficientes.
Pero esa no es exactamente la pregunta que Antigua Orden Dominicana coloca hoy frente al país.
Después de años caminando, después de la Plaza de la Bandera, después del Congreso, después del Palacio Nacional, después de Friusa, después de Los Mina, después de San Juan y ahora después de Moca, quizás la pregunta correcta sea otra:
Si una organización primero caminó, protestó, organizó ciudadanos, defendió causas y desafió al poder, ¿qué argumento legítimo existe para decirle que no puede ahora intentar convertir esas ideas en una propuesta electoral?
Yo no encuentro una respuesta sencilla.
Tal vez hemos llegado al punto donde marchar ya no basta. Tal vez toca construir. Toca elaborar propuestas, formar equipos, presentar una visión de país y someterla al juicio de los ciudadanos. Y si el pueblo la rechaza, que así sea. Eso también es democracia.
Pero si Antigua Orden Dominicana decide dar este paso, tendrá ahora que superar la prueba más difícil de todas: transformar patriotismo en proyecto nacional, protesta en propuesta, convicción en gobierno y poder en servicio.
Porque la patria nunca debe ser un instrumento para alcanzar el poder. El poder debe ser un instrumento para servir a la patria.
Y mi respuesta, al final, siempre termina regresando al mismo lugar:
Unidos por la Patria y para la Patria, porque de lo contrario estaremos destinados al olvido.